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La distribución territorial de la actividad industrial en España. Una visión a largo plazo. 
Autor: Sudrià, Carles; Parejo, Antonio; Tirado, Daniel. A.
Col·lecció i núm: Documents d'Economia Industrial  38 
Primera edició: 2012
Pàgines: 191
Format: 16 x 23 cm
Enquadernació: Cosida amb fil
Idioma: Català
Matèria: 3. Ciències Socials. Matèria IBIC:
Inclusions:
Editor: Centre d'Economia Industrial
Coeditor/s: 
Distribució: MIDAC
Codi d'article: DEI0038
Dipòsit legal: B-38439-2010
ISBN (paper): 978-84-935324-9-9.
PVP: 20 €

 

Ressenya: La introducción de la industria moderna significó, en todos los países, una profunda redistribución de la localización de las actividades manufactureras. Las economías de escala y de aglomeración propias de las nuevas técnicas de producción fabril propiciaron la concentración de ésta en determinadas áreas, que tendieron a especializarse en este tipo de actividad. Se generó así un proceso de carácter acumulativo y, por tanto, de profundas raíces históricas. Éste ha sido un fenómeno general en los países hoy avanzados, pero se dan diferencias profundas entre unos y otros por lo que hace a los ritmos, características e intensidad de estos procesos. Dentro de Europa, España es uno de los países que presenta hoy mayor concentración territorial de la actividad industrial. El objetivo de este trabajo es analizar la dinámica a largo plazo de este proceso de localización y sus causas.

Algunas de las conclusiones alcanzadas señalan que el elevado nivel de concentración de las actividades industriales en España se gestó en las primeras etapas de la industrialización (s. XIX) y está más relacionado con la disponibilidad de habilidades y conocimientos comerciales que con la dotación de recursos naturales o, incluso, las ventajas geográficas. La intensidad de esta concentración aumentó hasta los años 1950 y tiende a disminuir desde entonces, aunque a ritmo muy lento.

Por otro lado, la estructura de la distribución se muestra muy estable a lo largo de los dos siglos considerados, siendo la novedad más relevante el afianzamiento de Madrid como centro industrial, añadido al País Vasco y a Cataluña. Esta estabilidad es tanto más remarcable si tenemos en cuenta que tanto la fuerte expansión de los años del ‘desarrollo’ como la posterior integración en el mercado común europeo han conllevado profundas transformaciones en la composición del producto industrial, con la consiguiente decadencia de algunos sectores tradicionales y la expansión de otros.

Las políticas diseñadas para equilibrar la distribución territorial de la actividad industrial fracasaron bajo el franquismo y las adoptadas posteriormente, si bien han conseguido mejorar la capacidad tecnológica en general, no han alterado significativamente la distribución de la actividad. De hecho, hoy siguen siendo las regiones líderes tradicionales las que presentan índices de innovación y de formación del capital humano más cercanos a los de los países más avanzados. Este hecho y la constatación de la fuerza persistente de las economías de aglomeración hacen pensar que no nos hallamos en un escenario que tenga visos de cambiar en lo referido a la distribución territorial de las actividades industriales.  



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